Una carta de tu bestie espiritual

Por qué no te alcanza el dinero

Una cosa es merecer más. Otra es poder sostenerlo.

SBSylvana Bernal··4 min de lectura

Hola holaaaa {nombre},

Esta semana una amiga me contó que no está tranquila en su trabajo porque se enteró que le pagan menos que a otra persona con el mismo cargo.

Y que el dinero no le alcanza.

Yo pensé que tenía claritito qué tenía que decirle.

Pero uff. Estaba equivocada.


Lo que me llegó no era lo que yo iba a decir...

Me contó todo.

Que lleva años ahí.
Que no se siente valorada.
Que a fin de mes nunca queda nada.

Y yo, pensé de una: renunciaaaaa, vete de ahí.

Porque es lo que uno piensa, no?
Si no te valoran, te vas.

Pero mientras ella hablaba, me llegó otra cosa.

Y NO era “que se vaya”.

Me dijeron los ángeles:
"Está donde tiene que estar.
Está aprendiendo algo ahí."

Me quedé callada un segundo porque, honestamente, no me gustó.

Sonaba a conformarse.

Y no era eso.


Recibes lo que puede sostener.

Lo que me dijeron fue esto:
"Ella no está ganando o recibiendo poco porque no merezca más.
Está recibiendo exactamente lo que en este momento puede sostener."

Y esas son dos cosas MUY distintas.

Porque una cosa es cuánto mereces.

Y otra, cuánto puedes recibir, disfrutar y sostener sin sentir que tienes que deshacerte de eso inmediatamente.

Fíjate en una frase que usamos todo el tiempo:

“El dinero no me alcanza.”

Alcanzar.
Estirarse.
Llegar hasta.

Y pensé: juepucha... ¿y si estamos entrenando el cuerpo para vivir siempre en el “no alcanza”?


¿Qué es la vasija?

Tu vasija no es tu cuenta bancaria.

Es tu capacidad energética de recibir y sostener.

Cuánto puedes tener sin sentirte incómoda.
Cuánto puedes recibir sin sentir inmediatamente que tienes que devolverlo.
Cuánto puedes disfrutar sin buscar qué problema resolver.
Cuánto dinero puede entrar y quedarse, en vez de salir disparado apenas llega.

Porque ahí está la trampa:
Si el dinero entra y sale de una, tu cuerpo casi ni alcanza a registrar que la tuvo.

Entra → pagas cosas.
Entra → solucionas deudas.
Entra → ayudas a alguien.
Entra → compras algo porque “ya que tengo”.
Entra → y desaparece.

Y entonces tu experiencia interna sigue siendo:
“No tengo.”

No necesariamente porque tengas poco.

Sino porque todavía no has aprendido a sostener lo que tienes.

Y esto no aplica solamente al dinero.

También pasa con el amor.
Con los cumplidos.
Con la ayuda.
Con las oportunidades.
Con el descanso.
Con recibir.

Imagínate esta capacidad de sostener como una vasija en tu cuerpo.

Y si te pasa esto, tu cuerpo no ha permitido ampliar su vasija.
No ha sido entrenado para sostener la riqueza.

Porque sostener también es una habilidad.
Y como cualquier habilidad, se puede entrenar.


Y la vasija es elástica

Esta es la parte buena, .
La vasija no es de barro.

No tienes una capacidad fija para recibir y ahí se acabó.

Es de elástico, se puede ampliar.

Se estira. Y se estira con uso, no sólo con merecimiento.

Gay Hendricks, psicólogo, lo llama el límite superior: ese tope interno de cuánto bienestar nos permitimos experimentar antes de empezar, muchas veces sin darnos cuenta, a hacer cosas que lo interrumpen o lo sabotean.

Y esto me parece MUY interesante:

No ampliamos nuestra capacidad de recibir solamente deseando más.

La ampliamos aprendiendo a quedarnos con lo bueno cuando llega.

A no correr a devolverlo, ni minimizarlo, ni sentir que tienes que "ganártelo".

Se amplía aprendiendo a disfrutarlo y a sostenerlo.


Tres prácticas para entrenar la vasija

1. Quédate 20 segundos.

Esta práctica está inspirada en el trabajo de Rick Hanson, neuropsicólogo que lleva años estudiando por qué al cerebro se le pegan más fácil las cosas malas que las buenas.

Cuando pase algo bueno, no pases inmediatamente a lo siguiente.

El primer sorbo de café.
Un mensaje lindo.
El sol en la cara.
Una conversación que te hizo feliz.
Un cumplido.
Una buena noticia.

Quédate ahí 20 segundos.

Siente qué pasa en tu cuerpo.

¿Dónde se afloja algo?
¿Dónde sientes calor?
¿Tu pecho se abre?
¿Sonríes?

No analices.

Recíbelo.

2. Recibe un cumplido sin devolverlo.

Gay Hendricks es psicólogo y escribió sobre algo que llama el límite superior: ese tope invisible de cuánto bienestar aguantamos antes de sabotearlo solitas.

Y dice que una de las formas más comunes de tocar ese tope es desviar los cumplidos.

Entonces: cuando te digan algo lindo, respondes “gracias” y ya.
No lo expliques ni lo minimices. No devuelvas otro de una para quedar en paz.

Respira y recíbelo! Déjalo entrar.

3. El inventario con precio.

Durante una semana, anota las cosas que recibes y ponles un valor.

  1. Café y torta que me invitó un amigo: $11.000.
  2. Almuerzo donde mis suegros: $30.000
  3. Luz en mi casa: $3.000 el día
  4. Un libro que me encontré en mi casa y me resonó: $50.000
  5. Alguien que me ayudó con algo que yo sola me habría demorado horas haciendo: $___
  6. La persona que me abrió la puerta cuando tenía las manos ocupadas: $0, pero qué rico recibirlo.

No es para convertir la vida en una hoja de Excel ni pensar que lo único importante es el dinero...
es para entrenar tu atención.

Porque muchas veces estamos recibiendo muchísimo...
y nuestra mente solo está contabilizando lo que falta.

Vas a ver cuánto estás recibiendo sin darte cuenta.

Eso es la vasija estirándose.


Tu intención:
"Lo que llega, lo recibo.
Lo que recibo, lo puedo sostener.
Mi vasija se estira.
Me siento segura teniendo más."


Reflexion:
Recibeee con amplitud para ampliar tu vasija.

Vas a ver que se vuelve más fácil con la práctica.

Respóndeme este correo con una sola cosa que recibiste esta semana y a la que nunca le habías puesto precio. Puede ser de $0.

Yo los leo todos, y respondo muchos. 💛

Con luz,

Sylvana

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SB

Tu bestie espiritual

Sylvana Bernal

Canalizadora de ángeles, mamá perruna, construyendo cada día una vida suavecita y en paz. Cada jueves te escribo una carta — si aún no estás suscrita, entra aquí.

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